El queque de café lleva el otoño escrito en su miga acolchada y en su envolvente caramelo salado. Un bocado goloso y casero que anuncia el comienzo de la estación de la calabaza, chocolate caliente, sofá y manta.
Este bizcocho de café es un dulce de contrastes que acompaña sin competir a un café de sobremesa. Para hacerlo bien, lo primero es elegir un buen café. He utilizado el Cuba Serrano de Café Sol Specialty Coffee, un café de especialidad 100 % arábica cultivado de forma tradicional en las montañas de la Sierra Maestra, al este de Cuba, con notas de cata de frutos de pipa, caramelo y chocolate, y tueste ligero.
El toque de mascarpone con aroma cítrico aporta frescor y apacigua el carácter vigoroso del café. Es como un tiramisú convertido en queque. Guarda esta receta en tu repertorio: fácil, resultona y perfecta para cuando encender el horno pasa a ser un ritual de aromas que hacen hogar.
Notas
- No necesitas batidora de pie ni ningún equipamiento especial. El bizcocho no quedará muy alto —unos tres o cuatro centímetros sin el glaseado—. Si tienes moldes más pequeños, divide la masa y hornea en dos tandas. Y recuerda: no abras el horno a mitad de la cocción.
- Si prefieres evitar el caramelo, puedes sustituirlo por frutos secos garrapiñados para un toque crujiente, más sencillo de preparar.
- Si buscas un bizcocho más plano y esponjoso, ideal para montar en capas como una tarta, puedes separar las claras de las yemas. Bate las yemas con el azúcar y continúa con el resto de los ingredientes húmedos. Incorpora las claras montadas a punto de nieve al final, con movimientos envolventes, alternándolas con los ingredientes secos si es necesario. Esta técnica dará como resultado una miga más aireada, ligera y delicada, que recuerda a la de los bizcochos de soletilla. La versión original, en cambio, está pensada para conseguir un bizcocho sencillo y jugoso, con protagonismo del café y una textura perfecta para acompañar una taza de café o té.
El queque de café lleva el otoño escrito en su miga acolchada y en su envolvente caramelo salado. Un bocado goloso y casero que anuncia el comienzo de la estación de la calabaza, chocolate caliente, sofá y manta.
Este bizcocho de café es un dulce de contrastes que acompaña sin competir a un café de sobremesa. Para hacerlo bien, lo primero es elegir un buen café. He utilizado el Cuba Serrano de Café Sol Specialty Coffee, un café de especialidad 100 % arábica cultivado de forma tradicional en las montañas de la Sierra Maestra, al este de Cuba, con notas de cata de frutos de pipa, caramelo y chocolate, y tueste ligero.
El toque de mascarpone con aroma cítrico aporta frescor y apacigua el carácter vigoroso del café. Es como un tiramisú convertido en queque. Guarda esta receta en tu repertorio: fácil, resultona y perfecta para cuando encender el horno pasa a ser un ritual de aromas que hacen hogar.
Notas
- No necesitas batidora de pie ni ningún equipamiento especial. El bizcocho no quedará muy alto —unos tres o cuatro centímetros sin el glaseado—. Si tienes moldes más pequeños, divide la masa y hornea en dos tandas. Y recuerda: no abras el horno a mitad de la cocción.
- Si prefieres evitar el caramelo, puedes sustituirlo por frutos secos garrapiñados para un toque crujiente, más sencillo de preparar.
- Si buscas un bizcocho más plano y esponjoso, ideal para montar en capas como una tarta, puedes separar las claras de las yemas. Bate las yemas con el azúcar y continúa con el resto de los ingredientes húmedos. Incorpora las claras montadas a punto de nieve al final, con movimientos envolventes, alternándolas con los ingredientes secos si es necesario. Esta técnica dará como resultado una miga más aireada, ligera y delicada, que recuerda a la de los bizcochos de soletilla. La versión original, en cambio, está pensada para conseguir un bizcocho sencillo y jugoso, con protagonismo del café y una textura perfecta para acompañar una taza de café o té.





