A pocos kilómetros de la costa norte de Gran Canaria, lejos del ruido, hay un paisaje que parece de otra época. El Valle de Agaete atrae cada año a viajeros que buscan algo distinto; Casa Romántica, reconocido por la Guía Michelin y con un Sol Repsol, es una de las razones por las que ese desvío vale la pena.
Las Montañas Sagradas —Patrimonio Mundial de la UNESCO— te observan solemnes mientras el coche va tomando las curvas hacia el Valle de Agaete. Al acercarte a la zona de los cafetales, el aire cambia. La vegetación se espesa. Y aparece, entre bancales agrícolas y dragos, la Finca La Laja. En su corazón, el restaurante Casa Romántica.
Víctor Lugo dirige tanto el restaurante como la finca y la bodega familiar, Los Berrazales. Los 250.000 m² en total incluyen huerto, árboles frutales, cultivo de café de variedad arábica —considerado el cafetal más septentrional de Europa—, bodega propia y quesería con cueva de afinado natural.
Pero no son todo números; el propietario del restaurante creció en ese entorno. Víctor recuerda el aroma a dulce de níspero, el café recién tostado, la naranja y el azahar. Una infancia marcada por la temporalidad del producto, por el aprovechamiento, por entender que lo que da la tierra tiene su momento.
Una casona con historia y unos menús en verso
Los terrenos donde hoy se encuentra Casa Romántica están vinculados a la historia de los poetas Tomás Morales y Alonso Quesada. Una pequeña construcción de la finca fue propiedad de Morales y Quesada vivió allí por un tiempo, durante su estancia en Agaete. El edificio que hoy alberga el restaurante, sin embargo, fue construido en 1976.
Cuando la familia Lugo decidió recuperarla, construyó alrededor de ella un proyecto gastronómico que hoy sirve de marco a una de las propuestas más singulares de Gran Canaria.
Casa Romántica ofrece cuatro menús degustación: Los nombres —Tomás Morales y Alonso Quesada— son un guiño directo a esa historia. Los poetas que habitaron este lugar prestan ahora su nombre a dos de los recorridos por la despensa canaria que propone la cocina de su chef, Aridani Alonso.
→ Conoce la historia de Aridani Alonso en profundidad [aquí].
El Leonor Ramos de Armas (con reserva previa de 24 horas), toma el nombre de la abuela de Víctor, Leonor Cruz. El Tamadaba es la opción vegetariana.
La casona alberga el restaurante principal, un museo de productos de la isla y un acceso al jardín donde recorrer los veintiún municipios de Gran Canaria en miniatura.
Casa Romántica recoge agua pluvial para regar sus cultivos y guarda parte de sus vinos en una cueva natural que mantiene condiciones óptimas sin necesidad de energía adicional. Los residuos orgánicos se convierten en compost para la propia finca. En el restaurante, la sostenibilidad se presenta menos como un argumento comercial que como una consecuencia lógica de trabajar con lo que tienen al lado.
Lo que se sirve en la mesa
Los platos cambian con la temporada y con lo que da la finca, pero hay referencias que definen el estilo de la cocina de Aridani. La presentación arranca con bocados como el Atún curado en cítrico y escabeche de guayaba o el Pastel de pescado y pimientos asados —pases que ya cuentan algo sobre el lugar antes de que empiece el menú propiamente dicho.
Una parte importante de los ingredientes procede de las fincas propias y de productores canarios. Víctor Lugo ejerce en sala de narrador de cada plato.
«Venir a Casa Romántica no es venir a comer, sino a vivir una experiencia. El trabajo del menú —el tamaño de los bocados, la secuencia, la cercanía de la sala— busca que el comensal entienda el lugar antes de marcharse», afirma el propietario.
Entre los preludios, el Cabra y queso es el plato que Aridani describe como el que más le identifica con la cocina canaria: un pase alrededor del animal, con tartaleta de hígado trabajado como carajacas, un bombón con gelatina de tuno y dentro, un guiso encapsulado en masa con emulsión de romero. Al centro, una crema de queso coronado con un crujiente en la forma de Gran Canaria, al estilo de una crème brûlée.
Los pases del menú recorren el territorio: los tomates aliñados —sencillos, directos, sin parafernalia—, el Pulpo – Batata – Mojos, el favorito de muchos comensales, por su presentación en un plato de Mira Cerámica, los mojos, el punto del pulpo, el contraste con el puré de batata dulce con toques cítricos.
El menú cierra con su célebre Chocolate – Algarroba – Café de Agaete, compartiendo protagonismo con un postre de fruta de temporada, seguidos de petit fours con café del Valle.
La cocina como representación de un lugar
Cada paso que dan, explica Víctor, es para reivindicar la gastronomía local:
«Que no solo lo defendamos de cara al visitante, sino que el grancanario que viene se sienta orgulloso. Que no se vayan de la isla sin probar esta representación de comida tradicional llevada a la alta gastronomía, con sus quesos, con vinos de Los Berrazales junto a referencias de todas las bodegas de la isla, un fuerte peso de referencias canarias, sin olvidarse de las sidras de Valleseco.»
«Ojalá haya una Casa Romántica en todos los sitios que visito.», Víctor Lugo
Lo que diferencia un destino de otros son sus productos, su gastronomía, sus paisajes, pero también su gente, la idiosincrasia del pueblo de Gran Canaria. La cocina de Casa Romántica es, en sus propias palabras, la representación de un lugar, de una finca, de unos productos y de una isla.
A pocos kilómetros de la costa norte de Gran Canaria, lejos del ruido, hay un paisaje que parece de otra época. El Valle de Agaete atrae cada año a viajeros que buscan algo distinto; Casa Romántica, reconocido por la Guía Michelin y con un Sol Repsol, es una de las razones por las que ese desvío vale la pena.
Las Montañas Sagradas —Patrimonio Mundial de la UNESCO— te observan solemnes mientras el coche va tomando las curvas hacia el Valle de Agaete. Al acercarte a la zona de los cafetales, el aire cambia. La vegetación se espesa. Y aparece, entre bancales agrícolas y dragos, la Finca La Laja. En su corazón, el restaurante Casa Romántica.
Víctor Lugo dirige tanto el restaurante como la finca y la bodega familiar, Los Berrazales. Los 250.000 m² en total incluyen huerto, árboles frutales, cultivo de café de variedad arábica —considerado el cafetal más septentrional de Europa—, bodega propia y quesería con cueva de afinado natural.
Pero no son todo números; el propietario del restaurante creció en ese entorno. Víctor recuerda el aroma a dulce de níspero, el café recién tostado, la naranja y el azahar. Una infancia marcada por la temporalidad del producto, por el aprovechamiento, por entender que lo que da la tierra tiene su momento.
Una casona con historia y unos menús en verso
Los terrenos donde hoy se encuentra Casa Romántica están vinculados a la historia de los poetas Tomás Morales y Alonso Quesada. Una pequeña construcción de la finca fue propiedad de Morales y Quesada vivió allí por un tiempo, durante su estancia en Agaete. El edificio que hoy alberga el restaurante, sin embargo, fue construido en 1976.
Cuando la familia Lugo decidió recuperarla, construyó alrededor de ella un proyecto gastronómico que hoy sirve de marco a una de las propuestas más singulares de Gran Canaria.
Casa Romántica ofrece cuatro menús degustación: Los nombres —Tomás Morales y Alonso Quesada— son un guiño directo a esa historia. Los poetas que habitaron este lugar prestan ahora su nombre a dos de los recorridos por la despensa canaria que propone la cocina de su chef, Aridani Alonso.
→ Conoce la historia de Aridani Alonso en profundidad [aquí].
El Leonor Ramos de Armas (con reserva previa de 24 horas), toma el nombre de la abuela de Víctor, Leonor Cruz. El Tamadaba es la opción vegetariana.
La casona alberga el restaurante principal, un museo de productos de la isla y un acceso al jardín donde recorrer los veintiún municipios de Gran Canaria en miniatura.
Casa Romántica recoge agua pluvial para regar sus cultivos y guarda parte de sus vinos en una cueva natural que mantiene condiciones óptimas sin necesidad de energía adicional. Los residuos orgánicos se convierten en compost para la propia finca. En el restaurante, la sostenibilidad se presenta menos como un argumento comercial que como una consecuencia lógica de trabajar con lo que tienen al lado.
Lo que se sirve en la mesa
Los platos cambian con la temporada y con lo que da la finca, pero hay referencias que definen el estilo de la cocina de Aridani. La presentación arranca con bocados como el Atún curado en cítrico y escabeche de guayaba o el Pastel de pescado y pimientos asados —pases que ya cuentan algo sobre el lugar antes de que empiece el menú propiamente dicho.
Una parte importante de los ingredientes procede de las fincas propias y de productores canarios. Víctor Lugo ejerce en sala de narrador de cada plato.
«Venir a Casa Romántica no es venir a comer, sino a vivir una experiencia. El trabajo del menú —el tamaño de los bocados, la secuencia, la cercanía de la sala— busca que el comensal entienda el lugar antes de marcharse», afirma el propietario.
Entre los preludios, el Cabra y queso es el plato que Aridani describe como el que más le identifica con la cocina canaria: un pase alrededor del animal, con tartaleta de hígado trabajado como carajacas, un bombón con gelatina de tuno y dentro, un guiso encapsulado en masa con emulsión de romero. Al centro, una crema de queso coronado con un crujiente en la forma de Gran Canaria, al estilo de una crème brûlée.
Los pases del menú recorren el territorio: los tomates aliñados —sencillos, directos, sin parafernalia—, el Pulpo – Batata – Mojos, el favorito de muchos comensales, por su presentación en un plato de Mira Cerámica, los mojos, el punto del pulpo, el contraste con el puré de batata dulce con toques cítricos.
El menú cierra con su célebre Chocolate – Algarroba – Café de Agaete, compartiendo protagonismo con un postre de fruta de temporada, seguidos de petit fours con café del Valle.
La cocina como representación de un lugar
Cada paso que dan, explica Víctor, es para reivindicar la gastronomía local:
«Que no solo lo defendamos de cara al visitante, sino que el grancanario que viene se sienta orgulloso. Que no se vayan de la isla sin probar esta representación de comida tradicional llevada a la alta gastronomía, con sus quesos, con vinos de Los Berrazales junto a referencias de todas las bodegas de la isla, un fuerte peso de referencias canarias, sin olvidarse de las sidras de Valleseco.»
«Ojalá haya una Casa Romántica en todos los sitios que visito.», Víctor Lugo
Lo que diferencia un destino de otros son sus productos, su gastronomía, sus paisajes, pero también su gente, la idiosincrasia del pueblo de Gran Canaria. La cocina de Casa Romántica es, en sus propias palabras, la representación de un lugar, de una finca, de unos productos y de una isla.





